¿Hablaban de mí?
- Hilda Fainsod

- 19 feb
- 3 Min. de lectura
Esta semana estaba escuchando un podcast cuando sentí que hablaban de mí.
Para ponerte en contexto e iniciar esta reflexión, soy una persona deportista y muy orgullosa de compartir esa parte de mi vida porque, durante más de 40 años, tuve una enorme resistencia al ejercicio y la vencí.
Hablaban de mí cuando decían que hay sedentarios activos y me pareció un término raro, porque o eres sedentario o eres activo; sin embargo, el término atrajo mi atención y de repente, me estaban describiendo. Sí, soy una de esas personas que hacen ejercicio todos los días, sin excepción, pero luego regresan del gimnasio y se sientan frente a la computadora durante las siguientes 8 horas.
Sé que a todos los que tenemos un trabajo con gente y estamos conectados a la computadora, se nos venían las horas sin movernos mucho de nuestro escritorio.
Viendo que algo tenía que hacer diferente, me puse a investigar. Te lo cuento porque probablemente no solo hablaban de mí, sino también de ti y posiblemente compartimos los mismos retos...
Aquí tienes la definición: un sedentario activo es una persona que realiza ejercicio de forma puntual o estructurada, pero que pasa la mayor parte de su día inactiva físicamente. Es alguien que puede entrenar una hora…y permanecer sentado diez.
No es falta de disciplina deportiva, es un desequilibrio en el movimiento cotidiano.
La paradoja de ser un sedentario activo
Desde fuera parecemos personas “saludables” porque:
Vamos al gimnasio.
Caminamos algunos días.
Tenemos rutinas de ejercicio.
Usamos un reloj deportivo o apps de salud, o las dos.
El estilo de vida diario incluye:
Muchas horas sentado.
Bajo movimiento espontáneo.
Escasas pausas activas.
Alta dependencia de pantallas.
Así que una hora de ejercicio no compensa las 8–10 horas de inmovilidad.
Características típicas de nosotros, los sedentarios activos.
Conductuales
Agenda cargada, poco desplazamiento físico.
Trabajo predominantemente frente a la computadora.
Traslados en auto incluso en distancias cortas.
Ejercicio concentrado en bloques, no distribuido.
Fisiológicas
Rigidez muscular frecuente.
Fatiga mental más que física.
Sensación de “cansancio sin haberme movido”.
Variaciones de energía durante el día.
Cognitivas / emocionales
Creemos que “ya cumplimos” por haber entrenado.
Subestimamos el impacto de la inmovilidad prolongada.
Hacemos ejercicio y aun así sentimos tensión durante el día.
¿Sabes por qué importa en el liderazgo y el desempeño?
En los roles ejecutivos, el sedentarismo activo es común porque combina una alta exigencia cognitiva con un bajo nivel de actividad física cotidiana y el ejercicio como compensación, no como sistema.
El problema es la ausencia de micromovimientos sostenidos, que afectan nuestra claridad mental, regulación emocional, calidad del sueño, recuperación energética, postura y respiración (impactan la presencia ejecutiva).
Conclusión: tenemos una actividad concentrada y no distribuida.
Ajuste estratégico (no radical)
El reto no está en entrenar más, sino en movernos en el día más y para ello, los expertos recomiendan:
Pausas de 2–3 minutos cada 60–90 minutos.
Reuniones caminando cuando sea posible.
Llamadas de pie.
Microestiramientos entre tareas.
Desplazamientos cortos a pie.
Tiempos de enfoque alternados con movimientos breves.
El objetivo no es sudar más, sino reducir la inercia física acumulada.
Un sedentario activo no necesita más fuerza de voluntad; de hecho, considero que la tenemos. Necesitamos rediseñar el entorno y el comportamiento para que el movimiento deje de ser un evento y se convierta en un patrón.
¿Hacemos ese cambio?
Comparte este post con todos los sedentarios activos que ves a tu alrededor, porque seguramente, con esa convicción de hacer ejercicio de forma cotidiana, podrán hacer los ajustes que les convengan a su cuerpo y a su mente.
Hasta la próxima.





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