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Cómo evitar que lo que te hizo exitoso se vuelva obsoleto

Recuerdo dos ejecutivos de primer nivel, exitosos, orientados a resultados, que lograban consistentemente sus metas y a quienes, en su evaluación de desempeño, les dieron la noticia: si no cambias y no desarrollas habilidades orientadas a las personas, no seguirás creciendo en la organización.


Recuerdo también la conversación inicial - cómo es posible que, siendo yo tan exitoso, con mi trayectoria, experiencia y resultados, se cuestione mi crecimiento y mis posibilidades en esta empresa -. El shock, el enojo, la frustración y el cuestionamiento estaban presentes.


A veces, no hay obstáculo mayor al éxito que el éxito mismo. Hay una paradoja silenciosa en el liderazgo ejecutivo: las mismas conductas que te llevaron a la cima pueden convertirse en el techo que ya no te deja crecer.


Sin lugar a dudas el éxito deja huellas y esas huellas, si no se revisan, se vuelven surcos profundos por donde seguimos caminando aunque el terreno haya cambiado.


Esta es una invitación a revisarte, a mirar tus capacidades, tus retos, tu entorno, las tendencias del mercado, los cambios en tu organización y a valorar a qué le da hoy peso la empresa, para afinar el líder en el que te debes convertir y responder a un entorno complejo e incierto.


El problema no es la fortaleza, es su rigidez


Control, rapidez, perfeccionismo, hiperdisponibilidad, toma de decisiones inmediata… ¿Te suenan? Todas son cualidades que en algún momento fueron diferenciales. El riesgo surge cuando dejan de ser herramientas elegidas y se convierten en respuestas automáticas.


Lo que antes era liderazgo puede volverse microgestión. Lo que era compromiso podría volverse agotamiento. La excelencia podría hoy paralizarse al buscar la perfección. Una habilidad que ya no responde al contexto actual, deja de ser funcional


El entorno cambia más rápido que nuestras creencias


Eres un espectador de la forma en que los mercados se transforman, los equipos evolucionan, la tecnología redefine procesos…Pero, internamente, seguimos operando con la lógica que nos dio resultados hace años.


Y ahí aparece la obsolescencia silenciosa: no es falta de talento, sino exceso de inercia. De la inercia habría que ocuparse, ya que nuestras respuestas por costumbre nos llevan a pilotear en automático y, cuando eso sucede, no hay forma de mirar con conciencia el impacto que estamos o no logrando tener.


Un ejecutivo puede ser brillante y, al mismo tiempo, estar aplicando fórmulas que ya no producen el mismo resultado. No por incapacidad, sino por fidelidad excesiva a su propia historia de éxito.


La señal de alerta: cuando la fortaleza se debilita


Un buen indicador de cuándo tu fortaleza se agotó no es el resultado inmediato, sino el desgaste asociado.


  • Si liderar te exige controlarlo todo,

  • si delegar te genera ansiedad,

  • si innovar te incomoda.


La pregunta es: “¿sigue siendo estratégico o solo es una respuesta común?”


Evolucionar no es traicionar tu esencia


Muchos líderes se resisten a cambiar porque sienten que perderán autenticidad o ventaja competitiva. En realidad, ocurre lo contrario.


Evolucionar no es abandonar tus fortalezas; es actualizarlas. No se trata de dejar de ser rápido, sino de saber cuándo pausar y a qué le incrementas la velocidad, pero a qué se la disminuyes. No se trata de dejar de exigir calidad, sino de no sacrificar velocidad e innovación por una perfección innecesaria. No se trata de dejar de liderar con control, sino de liderar con mayor amplitud.


¿Cambiar? El riesgo está en repetir sin cuestionar, no en cambiar


La obsolescencia en el liderazgo rara vez llega de golpe. Llega como una suma de pequeñas repeticiones no revisadas.


Los ejecutivos más vigentes no son los que más saben, son los que con mayor frecuencia se preguntan:


  • ¿Qué parte de mi éxito pasado ya no es suficiente?

  • ¿Qué habilidad necesito flexibilizar?

  • ¿Qué me trajo hasta aquí que no necesariamente me llevará allá?


El crecimiento ejecutivo no exige reinventarse cada año, pero sí revisarse con honestidad.


Porque en liderazgo, la ventaja no está en lo que dominas, sino en tu capacidad de actualizarte antes de que el entorno te obligue.


¿Hay alguna capacidad que ya no te funciona con la misma eficacia? Por ahí podrías empezar a escucharte, a ver el impacto y a definir cómo la actualizas.


Como siempre, recuerda que un paso a la vez es mejor que emprender muchos cambios y después no poder sostenerlos.


Hasta la siguiente semana.


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