Los equipos se rompen mucho antes de perder
- Hilda Fainsod

- 10 jun
- 3 min de lectura
El fútbol tiene una particularidad interesante, cuando un equipo pierde una final, todos lo ven.
Los análisis se centran en el marcador, en la jugada decisiva, en el error del último minuto, en la oportunidad desperdiciada. Pero quienes han estado dentro de equipos de alto desempeño saben algo diferente: los equipos rara vez se rompen el día en que pierden.
La derrota suele ser simplemente el momento en que la fractura se vuelve visible. Porque la ruptura empezó mucho antes:
Quizá comenzó cuando dejaron de tener conversaciones incómodas.
Cuando aparecieron tensiones que nadie abordó.
Cuando algunos jugadores empezaron a priorizar los objetivos individuales por encima del resultado colectivo.
Cuando la confianza comenzó a erosionarse silenciosamente.
Cuando la presión dejó de unir al equipo y empezó a dividirlo.
Desde fuera, nada parecía diferente.
El equipo seguía compitiendo.
Seguía entrenando.
Seguía obteniendo algunos resultados.
Pero internamente algo ya había cambiado.
Y eso mismo ocurre todos los días en las organizaciones.
Uno de los mayores errores del liderazgo es asumir que los resultados son el principal indicador de la salud organizacional.
No lo son.
Los resultados son un indicador tardío.
Cuando los números finalmente reflejan el problema, normalmente la causa lleva meses, o incluso años, desarrollándose.
La pérdida de confianza ocurre antes.
La desconexión ocurre antes.
La fatiga ocurre antes.
La falta de alineación ocurre antes.
La pérdida de compromiso ocurre antes.
Los resultados son simplemente el lugar donde todo termina por aparecer.
Desde una perspectiva de Executive Advisory, una de las capacidades más importantes de un líder no es resolver crisis, es detectar fracturas antes de que se conviertan en crisis.
Sin embargo, la mayoría de los ejecutivos fueron entrenados para gestionar el desempeño, pocos fueron entrenados para leer sistemas humanos. Esto en entornos complejos, marca una diferencia que es enorme.
Porque las organizaciones no suelen colapsar por un único evento.
Colapsan por acumulación:
Acumulación de conversaciones pendientes.
Acumulación de prioridades contradictorias.
Acumulación de desgaste.
Acumulación de decisiones postergadas.
Acumulación de tensiones que nadie se atreve a nombrar.
En el fútbol, los grandes entrenadores entienden algo fundamental...
El marcador no es la única fuente de información.
Observan el lenguaje corporal.
La energía del grupo.
La comunicación entre jugadores.
La cohesión.
La capacidad de recuperarse tras un error.
Las señales que aparecen antes de que llegue la derrota.
En los negocios debería ocurrir lo mismo.
Sin embargo, muchos líderes siguen observando únicamente los indicadores financieros y operativos.
Y aunque esos indicadores son indispensables, rara vez evidencian el deterioro temprano del sistema.
Por eso, una de las preguntas más importantes para cualquier líder hoy no sería ¿cómo van nuestros resultados? Sino:
¿Qué señales me indicarían que este equipo está empezando a fracturarse, aunque los resultados todavía sean buenos?
Esa pregunta cambia por completo la calidad de la observación, porque obliga a mirar más allá del desempeño visible.
Algunas señales suelen aparecer primero:
Las reuniones tienen más información y menos conversación.
Los desacuerdos desaparecen, pero también lo hace el pensamiento crítico.
Los líderes hablan más de ejecución que de propósito.
La urgencia empieza a sustituir la coordinación.
Las personas dejan de desafiar ideas y simplemente comienzan a cumplir instrucciones.
Los equipos colaboran menos y se protegen más.
Ninguna de estas señales aparece en un dashboard.
Pero todas anticipan problemas futuros.
Quizá ahí radica una de las diferencias más importantes entre administrar una organización y liderarla.
Porque cuando un equipo finalmente pierde, el problema ya no ocurre. Ya ocurrió.
¿Fuimos capaces de verlo a tiempo?
Los mejores líderes no esperan a que aparezca la derrota para actuar.
Desarrollan la capacidad de leer lo que aún no figura en los indicadores.
Entienden que la confianza, la alineación, la energía colectiva y la calidad de las conversaciones son activos estratégicos, no temas secundarios.
Porque al igual que en el fútbol, las organizaciones más exitosas no son necesariamente las que tienen más talento.
Son las que identifican y corrigen las fracturas antes de que el marcador las haga evidentes.
Y esa capacidad, en un entorno cada vez más complejo, puede convertirse en una de las ventajas competitivas más importantes del liderazgo moderno.
Reflexión
Si los resultados de tu organización se deterioraran en los próximos seis meses, ¿qué señales te indicarían que la fractura ya empezó hoy?
Y una pregunta aún más desafiante: ¿las estás observando o estás esperando a que aparezcan en los resultados?
Esta semana, que ya es futbolera, te invito a compartir con tu equipo esta reflexión y a promover una acción que restablezca aquello que fragmenta al equipo.
Nos encontramos la siguiente semana.





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