Antes de acelerar en 2026: por qué pausar es tu mejor estrategia ejecutiva
- Hilda Fainsod

- 18 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Como ejecutivos, entendemos que pausar recarga energía y mejora la toma de decisiones, sin embargo, rara vez lo hacemos. La prisa por lograr, el miedo a perder tiempo y las creencias profundas sobre productividad nos llevan a descartar justamente las acciones que más valor podrían generar.
Profundicemos desde la perspectiva ejecutiva; revisemos por qué los líderes evitan pausar y qué creencias limitantes o presiones internas llevan a descartar acciones de alto valor, incluso cuando sabemos que son estratégicas para la energía, claridad y resultados.
Las creencias y patrones que bloquean la pausa.
Aquí algunas creencias que interfieren con pausar:
“Si no lo hago ahora, perderé ventaja”
La creencia limitante es: éxito = velocidad.
La consecuencia: se prioriza la actividad constante sobre las decisiones estratégicas, incluso cuando una pausa podría evitar errores costosos.
El impacto: agotamiento, estrés y decisiones reactivas.
“Los demás no lo entenderán”
La creencia limitante: mostrar pausa es debilidad, apatía o falta de compromiso.
La consecuencia: evitamos delegar, pedimos más tiempo de presencia física o mental de la necesaria y sacrificamos la reflexión estratégica.
El impacto: desgaste, fatiga mental, decisiones de baja calidad.
“Mi valor está en producir”
La creencia limitante: productividad visible = impacto.
La consecuencia: acciones de alto valor que requieren reflexión, creatividad o rediseño de procesos se descartan porque no generan resultados inmediatos o tangibles.
El impacto: baja innovación, respuestas similares a problemas con retos distintos.
“Tengo que ser el que siempre avanza”
Creencia limitante: liderazgo = movimiento constante.
Consecuencia: se subestima la fuerza de las micropausas; se confunde actividad con progreso.
El impacto: insatisfacción, agotamiento.
Laura, CEO de una compañía tecnológica en expansión, estaba bajo la presión de entregar un nuevo producto antes de fin de año. Su agenda estaba saturada de reuniones, reportes y decisiones urgentes. Cuando surgió una oportunidad para revisar un cambio de diseño que podía mejorar radicalmente la experiencia del cliente, su primera reacción fue: “no tengo tiempo. Lo importante es lanzar ya”.
Si hubiera seguido esa prisa, el lanzamiento habría continuado con un diseño que generaba fricción en el usuario. Pero Laura decidió hacer algo poco frecuente para ella: pausar deliberadamente 30 minutos para evaluar el valor real de esa acción.
Revisó datos, habló con su equipo de diseño y visualizó la experiencia completa del cliente.
El resultado: identificó un ajuste sencillo que aumentó significativamente la retención de usuarios y la satisfacción del cliente. Ese pequeño espacio de pausa no solo evitó un error costoso, sino que multiplicó el impacto del producto desde el primer día.
El impacto de tener dichas creencias, reduce la posibilidad de generar acciones de alto valor debido a:
Decisiones estratégicas que se posponen porque “hay demasiadas cosas urgentes”.
Proyectos de innovación que se descartan porque requieren tiempo de reflexión antes de actuar.
Feedback o conversaciones difíciles que se evitan porque implican desacelerar y enfrentarse a tensiones.
En otras palabras, la prisa y las creencias limitantes generan un ciclo de actividad sin impacto, donde se hace mucho, pero se logra poco de lo verdaderamente valioso.
Recomendaciones ejecutivas para romper el patrón
Identifica la creencia que te detiene: antes de tu próxima acción, pregúntate: “¿esta decisión nace de la urgencia o de añadirle valor estratégico?”
Valida la pausa como inversión: mide resultados de micropausas en claridad, reducción de errores y energía sostenida.
Crea un “check de valor”: antes de descartar una acción que requiere tiempo, pregúntate: “si tuviera energía completa, ¿haría esto?”
Reprograma tu narrativa interna: reemplaza “detenerme = perder tiempo” por “detenerme = multiplicar impacto”.
¿Cuál de esas creencias es parte de tu forma de pensar y actuar y cómo la quieres replantear para brindarte posibilidades?
Antes de acelerar en 2026, date permiso para pausar. Las decisiones de alto valor no siempre gritan por atención; a veces solo esperan el espacio suficiente para ser escuchadas.
Liderar con impacto no es moverse más rápido, sino moverse con claridad, energía y sentido.
Nos vemos en 2026. ¡Felices fiestas, feliz descanso, feliz y provechosa pausa!




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