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El costo de seguir siendo bueno en lo que ya no funciona

22 oct
2 min de lectura

Uno de los puntos ciegos más difíciles de reconocer en un líder es que aquello que lo hizo exitoso puede convertirse en una limitación para su siguiente etapa.


La experiencia construye criterio. La disciplina genera resultados. La capacidad de resolver problemas consolida la reputación.


Pero esas mismas fortalezas pueden convertirse en filtros que impiden ver cuándo las condiciones han cambiado.


El líder que siempre encontró la respuesta puede seguir buscando soluciones cuando el verdadero desafío es cuestionar el problema.


Quien construyó su reputación ejecutando con rapidez puede continuar acelerando cuando la situación exige detenerse y replantear el rumbo.


Y quien aprendió a mantener el control puede tener dificultades para reconocer que el contexto actual requiere otros criterios de decisión.


El punto ciego no es carecer de capacidad para cambiar. Es no reconocer que ha llegado el momento de hacerlo.


En posiciones ejecutivas, este patrón es especialmente difícil de detectar porque no necesariamente produce malos resultados inmediatos.


El líder sigue cumpliendo, el equipo sigue ejecutando y la organización mantiene su ritmo.


Sin embargo, el costo puede acumularse de manera silenciosa: decisiones basadas en supuestos que ya no son válidos, soluciones que pierden efectividad y oportunidades que no se reconocen porque se interpretan desde la experiencia pasada.


Una herramienta para identificar tu punto ciego

Antes de buscar una nueva estrategia, examina tres cosas:


  1. Lo que sigues haciendo. ¿Qué práctica, criterio o comportamiento mantienes porque históricamente te ha dado buenos resultados?


  1. Las condiciones que han cambiado. ¿Qué ha cambiado en el negocio, en tu equipo o en la complejidad de tu rol que podría cuestionar la efectividad de esa práctica?


  1. Lo que necesitas revisar. Si hoy empezaras desde cero, con las condiciones actuales, ¿seguirías tomando la misma decisión?


No se trata de abandonar aquello que sabes hacer bien, sino de distinguir qué fortalezas siguen creando valor y cuáles necesitan evolucionar para responder a una realidad diferente. Porque la experiencia es una ventaja cuando amplía tu capacidad de interpretar el presente, pero se convierte en una limitación cuando determina de antemano lo que estás dispuesto a ver.


La pregunta no es si lo que te trajo hasta aquí funcionó.


La pregunta es si seguirá siendo suficiente para llevarte hacia donde necesitas ir.


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